[dropcap color=”#dd1616″]S[/dropcap]iempre que Simeone y Quique Setién se ven las caras, el fútbol se ve de otra manera. Es una de las muchas veces en que estilos antagónicos se enfrentan entre sí y se prueban para demostrar cuál es más efectivo. La posesión como forma de dominar el partido para después dominar al rival, como método para conseguir la victoria, frente a la efectividad defensiva y la acecho al adversario para llegar con contundencia a portería. Es cierto que uno es más vistoso que el otro, pero esto es fútbol, y lo que cuenta es el resultado. Un estilo bonito que no logra conseguir objetivos no sirve absolutamente de nada.

Y las estadísticas están ahí. Simeone todavía no ha perdido contra Quique Setién, a pesar de que éste siempre ha ganado en posesión. Pero en el fútbol, los puntos se reparten en función del marcador. Lo cierto es que jugar feo, e incluso a veces aburrido, ha dado más éxitos a los equipos en los últimos años que tener el balón casi de forma constante. La posesión ya no es efectiva. El Betis no consiguió siquiera lanzar a portería en su enfrentamiento contra el Atlético, y por muy importantes que puedan ser otros aspectos, en el fútbol lo único imprescindible es ponerla entre los tres palos. Son los síntomas de un estilo que hace ya tiempo que llegó a su fin.

Todos recordarán que el fútbol de toque y posesión fue el que llevó al Barça de Guardiola a conseguir los mayores éxitos en la historia del fútbol y a la Selección Española a conseguir lo que nadie había conseguido, que es la consecución de tres títulos consecutivos. ¿Pero hace cuántos años fue eso? Jugar manteniendo la posesión ha sido exitoso durante un tiempo. No es una mentira que la posesión sea la clave para ganar los partidos, simplemente es una verdad anticuada de un estilo ya caducado al que todos los equipos saben hacer frente. Algunos creen que sigue siendo como antes y se empeñan en alargar la vida de un estilo ya muerto, que si ya estaba agonizando, terminó de morir con la España de Fernando Hierro en el pasado Mundial. Antes sería diferente, pero ahora está claro que la posesión no gana partidos.

Han surgido -o resurgido- estilos que saben como jugarle a los que optan por la posesión y que les tienen más que tomada la medida. Y el estilo de Simeone, aunque criticado, y a veces en exceso, es uno de ellos. Simeone tiene un máster en gestionar los partidos cuando el balón no le pertenece. Se siente más cómodo cuando es el rival el que tiene la pelota, porque además, tiene la seguridad de que no va a traspasar el muro infranqueable que tiene preparado en zona defensiva. El único problema que tiene Simeone viene cuando ese muro no es tan sólido como debiera y cuando el quedarse atrás acaba suponiendo que el objetivo de llegar a portería rival no se pueda alcanzar. Ahí aparecen las críticas, porque hay que reconocer que un estilo feo que no es efectivo es lo peor que le puede pasar a un aficionado que paga más de 500€ de abono al año y otros 100€ mensuales de televisión. Tiene derecho a quejarse.  Pero en lo general, Simeone lo ha vuelto a demostrar. Jugar con la posesión no es la clave. Eso ya se quedó atrás.