• El Metropolitano cada vez va teniendo la atmósfera que hacía del Calderón una olla a presión.

Hace algo más de un año, el Atlético de Madrid inauguraba el Estadio Metropolitano, abandonando así el mítico Vicente Calderón. Estadio en el que se disputaron partidos durante 50 años y donde la mayoría de los Atléticos han vivido sus mejores momentos como aficionados del Atlético de Madrid. Desde el momento en el que se anunció el cambio de estadio, un sentimiento de tristeza invadió a los hinchas rojiblancos. Pero también había hueco para un sentimiento de disfrutar al máximo los últimos partido en el Estadio de la ribera del manzanares.

Durante toda la temporada pasada, tanto futbolistas como cuerpo técnico y dirigentes del Atlético, afirmaban que el cambio era difícil y que la atmósfera del Calderón llegaría al Metropolitano algún día, pero necesitaba tiempo. Pues bien, parece que ese día ha llegado. La afición rojiblanca, una vez superado el shock de abandonar su casa durante 50 años, parece que ya ha encontrado con el nuevo estadio una conexión muy difícil de superar para los rivales del Atlético.

En este inicio de temporada, además de la buena afluencia de público a las gradas del Metropolitano, la hinchada rojiblanca ha convertido el nuevo estadio en un olla a presión. Ni el inicio dubitativo del Atlético en cuanto a resultados hizo que su afición cesara a la hora de animar. Esta gran conexión entre afición y estadio, se ha hecho notar a partir del partido ante el Huesca en el que el Atlético venció por (3-0). La afición, motivada por el hecho de que el siguiente partido era ante el Real Madrid en el Bernabéu, arengó a su equipo para que notaran la confianza que tiene su gente depositada en ellos.

El primer partido de la Champions League en el Metropolitano, también fue un claro ejemplo de esta nueva conexión afición-estadio. Los hinchas rojiblancos, conscientes de que la final de dicha competición es en su nueva casa, llevaron en volandas al Atlético a la victoria ante el Brujas. Pero esto no queda aquí, ayer ante el Real Betis vivimos una muestra más de esto. Simeone pedía más a una afición que ya lo estaba dando todo para que su equipo lograra la victoria. Ni la ocasión del Betis nada más empezar el partido, ni el gol del Atlético que no llegaba, hizo que los aficionados rojiblancos se vinieran abajo. Siguieron dejándose la garganta por su equipo y al final su equipo consiguió dejar los tres puntos en casa. Porque esta ya es la casa de los Atléticos, aunque nadie nunca olvidará el antiguo lugar de culto del Atlético.

A que esto sea posible, ha contribuido mucho la grada de animación del Atlético de Madrid. Los más de 4.000 hinchas que se sitúan en el fondo sur del Metropolitano, son el pulmón del ‘circo romano’. Así es como Simeone describe el nuevo estadio rojiblanco. No hay un minuto de partido que permanezcan sin animar a su equipo, y además de animar, incitan al resto de la grada a dejarse la voz por el Atlético. Como dice la canción que entona todo el estadio al unísono: “No importa lo que pase, no nos separarán”. Y nada hará que el Atlético camine sin su afición, una afición que es la encargada de traer la esencia del Calderón al Metropolitano. Y lo está consiguiendo.