El portugués se dirigió a la afición del Atlético de Madrid y se señaló los genitales después del partido en el que fue protagonista.

Cristiano Ronaldo fue ayer protagonista del partido entre Juventus y Atlético de Madrid. Un hat-trick del portugués dejó fuera a los rojiblancos y clasificó a los bianconeri para la siguiente ronda de la Champions. Pero el protagonismo del ex jugador del Real Madrid no se limitó sólo al rol deportivo, y como siempre, volvió a mostrar su prepotencia ante los 1.800 atléticos que se habían desplazado a Turín. Un comportamiento habitual por el que el futbolista juventino nunca será considerado leyenda del fútbol.

Al terminar el partido se dirigió a la grada visitante y con un movimiento de cadera señaló sus genitales en dos ocasiones. Un gesto que trata de responder a los insultos recibidos en el Metropolitano, a los que ya trató de hacer frente con su famosa manita en la zona mixta del estadio rojiblanco en referencia a sus cinco títulos de Champions. En el Metropolitano quedó como un ridículo infantil y en el Juventus Stadium como un infantil prepotente. Un enrabietado Cristiano con una forma de actuar que no se ve ni en las categorías más inferiores del fútbol mundial.

Los 1.800 atléticos presentes, además de dejarse gran parte de su sueldo en un viaje, para acabar ver perdiendo a su equipo, tuvieron que aguantar la prepotencia de un multimillonario que ha defraudado a Hacienda y ha sido acusado de violación. Pero a pesar de todos sus escándalos la prensa española le sigue riendo las gracias. Pues como el jugador madridista que fue, la mayoría de medios celebraron el pase de la Juventus a pesar de ser un equipo italiano en lugar de español, y compararon el gesto de Cristiano con el de Simeone en la ida, que nada tuvo que ver.

El técnico argentino celebró el 2-0 de la ida agarrándose los testículos con el pitido final. Un gesto que le acabó costando una multa de 20.000€ pero que se aleja mucho del que hizo el portugués. Lo de Cristiano Ronaldo no sólo fue una reacción esporádica, sino premeditada. Y no fue un gesto de celebración con sus propios compañeros sino que fue a dirigirse a la grada del equipo rival. Algo que Simeone nunca hizo.

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